Noticia – Entrevista a Miguel Ángel Rodríguez, CEO de CellMat Technologies

+Abrir enlace

CellMat Technologies es noticia.

Aparece en la sección e-volucion del Norte de Castilla como empresa spin-off de la Universidad de Valladolid.

Actividad no le falta a Miguel Ángel  Rodríguez. Vuelo, congreso, vuelo, reunión, y vuelta a empezar. Encontar un hueco en su agenda para hablar con él no es sencillo, pero acaba apareciendo en vísperas de un viaje que le llevará a Estados Unidos. Actividad no le falta al CEO de CellMat Technologies, una empresa de base tecnológica creada en 2012 a partir del grupo de investigación de la Universidad de Valladolid CellMat, especializado en materiales celulares y con quince años de experiencia.

-¿A qué se dedica su empresa?

-Hemos desarrollado un conocimiento y unas tecnologías de fabricación que tienen un valor y una aplicabilidad para fabricantes y empresas que transformen o quieran generar este tipo de materiales. A día de hoy somos una empresa de consultoría avanzada, aunque el plan de negocios contempla que dentro de unos años empezaremos a fabricar. Trabajamos en dos áreas: materiales celulares y bioplásticos. Un tema bastante en boga y que parece que va a tener un mercado muy importante en los próximos años.

-¿Cómo es la relación de CellMat con la universidad? ¿En qué términos se desarrolla?

-Somos dos socios más la universidad, que funciona como un socio más, no tiene la obligación de ayudar más allá de lo que lo haría cualquier otro. CellMat Technologies se tiene que gestionar como cualquier otra entidad y tiene que pagar sus facturas. Por ejemplo, nuestras oficinas están en el edificio CTTA del Parque Científico Universidad de Valladolid, y por ellas pagamos un alquiler, toda la gestión y la contabilidad se subcontrata a una empresa externa, etcétera.

-¿Facilita las cosas ser una ‘spin-off’ que emerge de la universidad?

-Los centros universitarios fomentan que sus investigadores creen empresas, los apoyan, aunque luego existen una serie de mecanismos que hay que cumplir por ley. En mi caso, como profesor universitario con dedicación exclusiva, tengo limitadas ciertas funciones; puedo llegar a ser socio de una ‘spin-off’ pero tengo que cumplir unos requisitos que se negocian con la universidad.

-Para el centro universitario también es un acuerdo ventajoso

-Por supuesto. Por una parte, la universidad posee el 10% de la sociedad y, por otra, cobra unos derechos de explotación cuando la empresa vende tecnología o conocimiento. Cobra un fijo más unos variables aunque estos porcentajes varían según el lugar en el que se encuentre la empresa e incluso entre proyectos de un mismo centro.

-CellMat, por su parte, posee la etiqueta de empresa de base tecnológica de la Universidad de Valladolid. ¿Esto les abre puertas?

-La mayor parte de nuestros clientes, que normalmente son multinacionales, saben que todo lo que surja de la universidad ya lleva un marchamo de calidad, así que hay tendencia a escucharte más que si no partieras de esta posición.

-¿Hacia dónde camina su negocio? ¿Crecerá? ¿Se independizará de la universidad?

-No hay ninguna intención de trabajar de forma separada a la universidad, ni mucho menos. El punto de partida es el conocimiento y la tecnología generado en el laboratorio. Decidimos crear la empresa porque éramos un grupo de investigación con quince años de experiencia, referencia mundial, y en un momento dado te das cuenta de que te encuentras con una serie de dificultades, la primera de ellas retener el talento y el conocimiento.

-¿Les limitaba el hecho de ser un laboratorio de investigación universitario?

-Era un problema importante, porque cuando un doctorando se tenía que ir se llevaba consigo buena parte del conocimiento adquirido. Además, se suma el hecho de que la labor de consultoría y asesoría y la implantación de tecnologías es un trabajo muy específico, muy complicado, muy exigente y que requiere de profesionales cualificados. Por lo tanto, eso es muy difícil hacerlo si no eres una ‘spin-off’ porque desde el propio marco universitario no hay muchos mecanismos que lo permitan. Por último, y esto ya lo digo desde mi faceta como integrante de la universidad, nuestra intención era demostrar que desde el marco universitario se pueden crear ‘spin-off’ rentables, que funcionen y que además generen puestos de trabajo especializados y cualificados.

Ahorro de costes

-¿CellMat ha sobrevivido bien en estos tiempos complicados económicamente?

- No nos podemos quejar. Nuestros materiales, por sus características, permiten ahorrar costes en los procesos, por lo que está creciendo su utilización por parte de las empresas. Por supuesto, esperamos que cuando mejoren las cosas tendremos más clientes, pero a día de hoy la verdad es que tenemos bastantes. Por otra parte, la situación nos ha afectado por el hecho de que antes las empresas surgidas de la universidad tenían unas ayudas que han desaparecido; nosotros no hemos recibido nada y todo el dinero que tenemos es el que han puesto los socios y el que viene de nuestras ventas.

-¿Crecerán a corto plazo?

-Ahora mismo tenemos un doctor contratado y contrataremos un segundo. Y esto no tiene límite, cuantos más clientes consigamos y más ventas podamos hacer de tecnología y de conocimiento, más doctores podrán incorporarse a la empresa. Este era uno de los objetivos que nos marcamos, poder ofrecer a los doctores una forma de ganarse la vida en una empresa de base tecnológica.

Casos de éxito:

Salamanca:
Bio-inRen. 2009. ‘Spin-off’ biotecnológica dedicada a promover la salud en la comunidad. Así se define en su página web esta empresa que desarrolla sus trabajos a desarrollar diagnósticos innovadores y pioneros en el ámbito de las enfermedades renales y la hipertensión.

León:
Indilab. Creada en 2008, esta empresa leonesa se dedica al desarrollo de análisis clínicos veterinarios. Su nombre proviene de Instituto de Diagnóstico Laboratorial. La empresa está formada por biólogos especialistas en análisis clínicos y por veterinarios.

Valladolid:
CellMat Technologies. Surgió en 2012 de un grupo de investigación con 15 años de experiencia. Se dedica a los materiales celulares y los bioplásticos. Actualmente ejerce de consultoría avanzada aunque en su plan de negocio está previsto pasar a fabricar sus propios productos.

Burgos:
DG Assistant. Desde 2013 comercializa un software que crea de manera sencilla los documentos que los transportistas necesitan tener consigo cuando manipulan mercancías peligrosas. El programa se creó con una tecnología desarrollada por el Departamento de Informática.

Un camino sin fórmulas mágicas

No existe una fórmula matemática que con la suma de unos ingredientes dé como resultado una empresa emergida de la universidad puesto que cada uno de los centros de estudios tiene unas vías para constituirlas.

El requisito inicial común es el de emerger de una laboratorio o un grupo de investigación perteneciente a la universidad. Una vez que se considera que los trabajos desarrollados por el grupo pueden ser comercializados con éxito comienza un proceso en el que el primer paso es conformar un proyecto viable. Desde la Universidad de Valladolid, por ejemplo, se define primero la idea de negocio, valorando si la creación de este modelo de empresa es la mejor opción para transferir los resultados de investigación. Después, se lleva a cabo un análisis de viabilidad y se asesora y tutoriza de forma continuada a los proyectos empresariales. Además, se llevan a cabo acciones formativas orientadas a las necesidades particulares del equipo. Cuando la idea está madura se busca darle visibilidad de cara a los inversores para conseguir financiación. Todo ello apoyado, además, en el espacio físico del Parque Científico.


Deja una respuesta:

*

*

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *